El stent cumple 30 años. Su historia 

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Por Ana von Rebeur anavon@hotmail.com

Las enfermedades coronarias por taponamiento de arterias por ateromas siguen siendo una de las principales causas de muerte en el mundo occidental. La cardiopatía isquémica es una obstrucción del riego arterial por estrechamiento de las arterias coronarias que irrigan el corazón debido a depósitos de lípidos denominados placa de ateroma.
Esta condición es causa frecuente de angina de pecho, infarto de miocardio y muerte súbita cardíaca. A partir de mediados de la década del ’60 el tratamiento líder consistía en una cirugía invasiva de by pass (desvío). Debido a los altos costos de esta intervención y el elevado riesgo para el paciente, desde la década del ’70 se han buscado procedimientos alternativos. Los stents se colocan permanentemente en todo el mundo (500 mil stents por año) y le rinden 4.500 mil millones de dólares al año a Johnson y Johnson y 3.500 mil millones a Boston Scientific . El stent tiene un costo de producción de centavos de dólar, pero se vende a 2.600 dólares la versión bañada en medicación que impide que se acumulen lípidos en su superficie.
Pero esta historia además cuenta con otros protagonistas : un radiólogo argentino, un piloto de la Fuerza Aérea israelí y un texano dueños de restaurantes. En 1977 el doctor Andreas Grüntzig realizó la primera angioplastia ,que consiste en introducir un globo inflable al extremo de un catéter para dilatar una arteria ocluida. Brillante sistema, pero la placa de ateroma reaparecía en el 50 por ciento de los pacientes.Luego de asistir a una conferencia en Grüntzig, el radiólogo argentino de la universidad de La Plata Julio Palmaz, fanático de las manualidades y la relojería, ideó en el garaje de su casa un dispositivo que permaneciera en las arterias: una mini red tubular metálica, rígida y expandible, que es el stent .
En 1985, el piloto y cardiólogo israelí Richard Schatz conoció al doctor Palmaz y convocó al millonario y excéntrico texano Phil Romano, dueño de cadenas de hamburgueserías, de varios autos de lujo y anillos de diamantes. Romano le propuso invertir 250 mil dólares por un 30 por ciento de las acciones del invento de Palmaz “para abrirle a la gente las arterias que les cierra usted con sus hamburguesas”.
Los tres socios, autodenominados «The Expandable Graft Partnership» («La Sociedad del Injerto Expandible»), patentaron esta tecnología en 1985 y la presentaron a varias compañías, incluida Boston Scientific y Johnson & Johnson, que finalmente licenció esta tecnología por 10 millones de dólares más royalties. Con Johnson & Johnson apoyándolos y financiamiento adicional para su desarrollo, el stent desarrollado por Palmaz fue aprobado para su uso en arterias periféricas en 1991 y en arterias coronarias en 1994. Esta tecnología tuvo un éxito sin precedentes, siendo utilizado en el 80% de las intervenciones coronarias percutáneas a solo cuatro años de su aprobación por parte de la FDA.
Sólo en Argentina se colocan 90 mil stents por año (246 por día), en las 370 salas de hemodinamia que hay en el país, según datos del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).
El invento del stent le valió a Palmaz un gran reconocimiento científico, pero también problemas: atravesó 12 juicios contra tres competidores que reclamaban para sí la patente del stent hasta que logró demostrar su potestad. Desde entonces, Palmaz creó otros 40 productos innovadores a través de su empresa, Palmaz Scientific Inc. De hecho, hoy se encuentra trabajando en nanotecnología.

Posee 50 patentes (Estados Unidos, Canadá y Europa) y es autor de 40 libros o capítulos de libros y 106 artículos en revistas arbitradas. Además, Palmaz tiene el mayor viñedo del Valle de Napa, y es dueño de su propio campo de golf . Y sin embargo afirma que hay un sobreuso de stents en pacientes que no lo necesitan. Un estudio de la revista Lancet dice lo mismo : se le colocan stents a pacientes que estarían igual sin él. Cada vez hay más tendencia a evaluar finamente al paciente antes de decidir si es candidato al stent, o no.

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