Crónicas de Enfermería

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Por Ana von Rebeur anavon@hotmail.com

Soy feminista y me enojo conmigo misma por elegir una profesión tanfemenina. Cuidar a los demás . Ser la eterna madre . Yo tendría que dar el ejemplo siendo ingeniera y construyendo puentes . O ser fabricante de ladrillos y cemento. O presidente de una multinacional que solo maneje dinero. Algo que me dé poder . Pero fui madre de mis hijos y ahora madre de mi madre . La maternidad te atraviesa como una estaca. No deja que te escapes de ella . En un momento en que mis hijos se fueron hice los trámites para ser mamá de tránsito. Después busqué adoptar. No lo hice porque mi pareja se asustó . Las mujeres queremos cuidar. Lo llevamos en los genes. Difícil escapar de eso . Me rindo. Las ansias de poder ..al diablo. Pero cuidar tiene una ventaja. El gran drama de la sociedad es la soledad . Todos nos sentimos solos, siempre . El psicoanalista Jacques Lacan decía : «La terapia sirve para vivir la soledad en paz y sin tristeza » . La soledad es inevitable. Aún con un marido amoroso y diez hijos, no podés esquivar la soledad intrínseca del ser humano . Pero …¿sabés qué? Ayudando y cuidando a otros no hay soledad. No sé por qué . Es todo trato directo con gente. Es todo aliviar temores, dolores, urgencias. Es ser
eternamente madre. Siendo enfermera, nunca estás sola. Como enfremera, la soledad es inalcanzable.

Olga tiene 84 años y un combo de enfisema y insuficiencia renal. Está sola . Y cada dia pregunta si no llegó su hija. Lo que veo es que los que están en una habitación individual están solos. Pero los que están en habitación compartida donde el otro tiene visitas y él no, en vez de sentirse acompañados, se ponen
celosos de que el otro esté acompañado y él no . Nuestro bienestar funciona comparándonos con los demás, no hay otra. Así somos. Olga está junto a otra señora que siempre tiene compañía. Sigue preguntando si la vimos a su hija

  • Ya va a venir – le mentimos – ¿ Es tu única hija?
  • No – dice ella- tengo tres varones , pero están siempre muy ocupados . Mi hija es la única que me visita . Bah, me visitaba – me dice, triste . Al rato, vuelvo a su habitación . Y otra vez , pregunta:
  • ¿No la viste a mi hija?
  • No, Olga
  • ¿Sabe dónde estoy?
  • Claro que sabe.
    Mientras le cambio el suero me dice :
  • Ya lo tengo decidido. Salgo de acá y adopto otra hija

Nelly se quiere morir. Dice que si sale del hospital su hija quiere mandarla a un geriátrico y ella no quiere eso. Dice que sus hijos ya están grandes viven lejos y que sus nietos no le dan bola. Que el hombre que amó con toda su alma se murió hace 17 años y que su suegra, a la que adoraba , se murió hace 20
años. Con un hilo de voz quiere contarme que sus tres hijos en realidad eran cuatro. Perdió un varón de cuatro meses que » se golpeó la cabecita» cuando ella resbaló en un piso mojado que le dijeron que estaba seco. Que estuvo un año enferma de depresión por esa pérdida, y que casi no podía cuidar a sus
hijos de 4, 6 y 8 años cuando perdió al cuarto bebé . Su cuidadora me dice muy bajito que cree que no le falta mucho para irse, porque ayer Nelly veía al marido sentado en la silla de la esquina diciéndole que la está esperando. Y hoy dice que vio a los pies de la cama al bebé que perdió llamándola » ¡Mamá,
mamá!»
Nelly, que escucha todo y controla todo – hasta te explica cómo hacerle las curaciones y cómo subir y bajar la cama y como moverla de costado – , nos dice :

  • No tiene sentido estar acá , donde nadie me necesita . A mi ellos me están llamando . Me necesitan más allá , que acá.

Continuará…en el próximo número.

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