Virginia Henderson, la enfermera que cambió todo

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Ana von Rever anavon@hotmail.com

Virginia Henderson nació en Kansas , Estados Unidos, en 1897. Tenía 18 años cuando empezó la Primera Guerra Mundial.

Treinta y siete años después de recibida, cuando tenía 58 años, fascinada con el famoso libro publicado en 1922 Manual de principios y prácticas de la enfermería de la canadiense Bertha Harmer (humanista que afirmaba que la única manera de ayudar a la humanidad era a través de la enfermería) Virginia reescribió el libro –como había sido best seller se mantuvo el nombre de la autora original junto con el de Virginia. Este libro, publicado en 1955, planteaba la novedad de  considerar a la enfermería ya no como parte auxiliar de la medicina, sino como una rama aparte, que no se dedica a  suministrar medicación y chequear signos vitales, sino a mucho más que eso : lograr que el paciente sea dueño de sí mismo y de sus actos . 

De acuerdo con este modelo, la persona es un ser integral, con componentes biológicos, psicológicos, socioculturales y espirituales que interactúan entre sí y tienden al máximo desarrollo de su potencial. Henderson considera que el papel fundamental de enfermería es ayudar al individuo, sano o enfermo, a conservar o recuperar su salud para cumplir aquellas necesidades que realizaría por sí mismo si tuviera la fuerza, voluntad o los conocimientos necesarios. Es decir que Virginia reconoce que la parte de la dignidad del ser  humano de hacerse cargo de sus actos y de su autocuidado es lo más valioso y digno  que tenemos. Por primera vez en la historia el paciente no es un desvalido que depende  de la caridad ajena sino un ser íntegro a cargo de su propio bienestar.

A partir de aquí la enfermería favorecerá la recuperación de la independencia del paciente de la manera más rápida posible, fomentando la actividad de cada individuo para que éste adquiera su independencia cuanto antes.

Henderson considera que la salud es la habilidad del paciente para realizar sin ayuda las 14 necesidades básicas, porque autonomía e independencia son sinónimos de salud. Los seres humanos tienen 14 necesidades fundamentales: 1) respirar normalmente; 2) alimentarse e hidratarse; 3) eliminar deshechos por todas las vías corporales; 4) moverse y mantener posturas adecuadas; 5) dormir y descansar; 6) elegir ropa adecuada, vestirse y desvestirse; 7) mantener la temperatura corporal; 8) mantener la higiene y la integridad de la piel; 9) evitar peligros ambientales y lesionar a otras personas; 10) comunicarse con los demás para expresar emociones, temores y deseos; 11) vivir de acuerdo con los propios valores y creencias; 12) ocuparse en una labor que le dé un sentido de realización personal, de logro y meta cumplida, y que la enfermera promueva en el paciente el alcance de metas con su propio esfuerzo y sin ayuda .Si un paciente se siente productivo y útil tendrá un sentido de realización personal que le influirá en su autoestima y salud mental; 13) impulsarlo a participar en actividades recreativas o juegos que lo entretengan; 14) estimular y satisfacer su curiosidad personal, porque mantener en el paciente el desarrollo de habilidades, destrezas y conocimientos es favorable para la salud.

Sin embargo, dichas necesidades se modifican en función de dos tipos de factores: Factores permanentes: edad, nivel de inteligencia, medio social o cultural o capacidad física. Y factores variables, que son estados patológicos como: falta aguda de oxígeno, estados de inconsciencia, lesiones locales, etc. El concepto de dependencia e independencia va ligado al concepto de autonomía, y la autonomía es el nivel óptimo de desarrollo del potencial de la persona para satisfacer las necesidades básicas, de acuerdo con su edad, etapa de desarrollo, sexo y su situación de vida.

Según Henderson, una enfermera debe actuar por el paciente sólo cuando éste no tenga conocimientos, fuerza física, voluntad o capacidad para hacer las cosas por sí solo o para llevar correctamente el tratamiento. La idea fundamental es asistir o contribuir a la mejoría del paciente hasta que él mismo pueda atenderse por sí mismo. Y nunca hacer por el paciente lo que él pueda hacer por sí. Es algo que nos toca aprender a todos los  que estamos en esta  labor y espontáneamente queremos ayudar a quien nos parece débil o frágil. Pero tal como todos los padres deberían hacer con sus hijos, en enfermería no se debe hacer por alguien lo que él puede hacer por sus propios medios. La independencia es el más preciado de los bienes que tenemos. Gracias a estos brillantes principios, Virginia cosechó diez  títulos honoris causa de diferentes universidades, escribió dos libros y falleció llena de honores en 1996.

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