Desde un análisis del presupuesto 2023 enviado por el poder ejecutivo y aprobado por el parlamento, hay variadas opiniones, pero si uno mira cuidadosamente, se  ha planificado con una inflación anual del 60%, cuando en los números técnicos de los últimos registros es del 100%. Desde este ángulo ya vamos mal.

También se puede observar que se han reducido en un 3,2 % los gastos en salud en las áreas de cuidados, principalmente son afectados el plan Remediar que otorga el acceso gratuito a los medicamentos y el plan 1000 días que asiste a las embarazadas y a la primera infancia.

Pese a su importancia, el presupuesto ha bajado en el área de prevención un 30%, no se consideró una planificación de un posible rebrote de pandemia de Covid-19, y se ha descartado como un hecho consumado la necesidad de nuevas vacunas.

Todo esto en un marco que afecta las áreas de prevención y cuidados, se ha dejado la disposición del recorte a las secretarías de salud, evadiendo la responsabilidad de la baja del presupuesto por el poder ejecutivo, sin embargo,  aumenta las áreas de negocios con laboratorios y pulpos farmaceúticos, oficinas burocráticas y las jerarquías superiores del ministerio de Salud, el cuál dispondrá de casi 400.000 millones de pesos, un incremento nominal en pesos del 15% respecto a 2022. 

Bajan el presupuesto en áreas donde el equipo de salud y las enfermeras necesitan recursos para trabajar con los pacientes, y suben las áreas donde hay negocios millonarios con multinacionales de la salud.

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